16 de diciembre de 2016

FELICES FIESTAS Y MUCHAS GRACIAS POR SEGUIRNOS




       A pesar de que las grandes potencias y las
   
 religiones sólo saben repartirse dividendos, hay

 que agitar la varita mágica sobre el mundo en

                         esta navidad.




REVELACIÓN


12 de diciembre de 2016

OLVIDAR DUELE


Él y ella querían olvidar en medio de silencios lo que no podían callar.
© Guillermo A. Castillo.

3 de diciembre de 2016

ARQUITECTOS

Cerro Tusa (Venecia, Dpto de Antioquia, Colombia)

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Cuando Dios creó el mundo, las montañas fueron monumentos a la simplicidad. El hombre insiste en hacerlas complicadas.©Guillermo A. Castillo.


Más información en: 

26 de noviembre de 2016

ABRUMADO

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Llovía en forma torrencial y el frío quemaba. Nadie se explica por qué apareció flotando dentro de una taza de café aguado.©Guillermo A. Castillo.

22 de octubre de 2016

LOS TRES MUERTOS


Los tres muertos me están mirando, cada uno con una expresión diferente, ahora que estoy echado sobre mi silla favorita en este silencioso día domingo y cuando el campanario lejano clama por la oración.

Los tres muertos me miran en silencio y permanecen a prudente distancia de mí. La primera mujer, me mira con cariño, me lo dice su rostro carnoso; la segunda mujer me observa con una sonrisa pincelada en su rostro, casi rayando en la malicia, y el hombre, lo hace con una actitud reflexiva, aunque noto en ellos que sus ojos profundos miran a la distancia, podría asegurar que lo hace con ojos huidizos ante mi mirada escrutadora.

A ellos los miro en silencio y con complacencia ante este inesperado encuentro en el momento en que de nuevo se deja escuchar el llamado del campanario de la iglesia construida en la montaña vecina a mi casa. Sí, los observo a cada uno con obsesivo detenimiento buscando algo, tal vez alguna señal para mí en sus rostros. Pero ese indagar silencioso es interrumpido por la alabanza temprana que luego termina en aplausos alegres al Creador.

Pero de tanto mirar a los tres muertos, sus rostros se endurecen y es cuando comprendo que esas miradas son para cuestionar mis necesidades elementales:

 —¿Qué haces ahí tumbado, ese es el modo de ganarse la vida?

Y yo, a la defensiva, les pregunto:

—¿Y ustedes qué, acaso están libres de toda culpa?

Pero fue el viento quien hizo su fría entrada por el ventanal intentando importunar su respuesta.

Respiro profundo, sé que ellos como buenos muertos siguen allá. No son ellos los que me cuestionan, soy yo quien se pregunta por cuánto tiempo más permaneceré aquí con mis vicios, mientras voy por los caminos que tomé para evitarlos. Mis muertos callaron, miran por la ventana fingiendo estar vivos desde sus respectivos cuadros, que de mayor a menor tamaño, continúan expuestos en la pared de mi cuarto de estudio.©Guillermo A. Castillo.

POSTALES VIII



15 de octubre de 2016

PREGUNTA ZEN

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“¿Cuál es el sonido de una caricia?
©Guillermo A. Castillo.

LATIDOS ARTIFICIALES

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Los ordenadores le resultaron prácticos a la hora de “ordenar” los textos, hasta el punto de hacerle olvidar el placer de escribir a mano utilizando la aplicación "latidos del corazón".©Guillermo A. Castillo.

NOTAS

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Siempre envió correos electrónicos en cadena, sin embargo, nunca le contestaron porque no insertaba su alma desnuda. ©Guillermo A Castillo.

BALADA


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Una vez colocó el disco de vinilo, de aquel sonido “sucio” surgió una canción que se cantó a sí misma.©Guillermo A Castillo.

7 de octubre de 2016

REMOQUETE

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Cuando enfrentó los carcomidos molinos le dijeron valiente, después lo llamaron el Manco.©Guillermo a Castillo.

ESTÁ ESCRITO


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El Samurái no piensa en términos de victoria o derrota; combate fanáticamente hasta la muerte contra su destino.©Guillermo A Castillo.

DUELO



El inalterable hombre disimuló su miedo, cuando enfrentó a la muerte y no supo lo que era.©Guillermo A Castillo.

AHOGADO


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Ser valiente no requiere cualidades excepcionales. —concluyó el policía de turno al reconocer a Pies de plomo.©Guillermo A Castillo.

2 de octubre de 2016

COLOFÓN

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Sentada junto a su ausencia, abre aquel cuaderno de notas donde su vida se ha ido registrando.  Al concluir la lectura de aquellas notas, escribió “La mano que escribió cada una de estas páginas, aún no ha escrito nada”.©Guillermo A. Castillo.

FRIDA


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Hizo del dolor un talismán. Con el tiempo fue una mariposa que se vistió de fiesta.
©Guillermo A. Castillo.

SERENDIPIA

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Otra vez se encontraba frente al espejo. Las imágenes se alternaban entre las luces y sombras de su habitación, mientras en cada pose suya iba descubriendo por casualidad detallitos que no estaba buscando. Presa del pánico, increpó la osadía de la luna en la pared, gritó su inconformismo, replanteó la posición de su cuerpo, y agudizando la mirada volvió a echar un vistazo.

Caminó ofuscada por el apartamento. Tras desahogarse, un halo de esperanza la reconfortó; se plantó en silencio ante él, despacio se colocó de lado sin tensionar la quijada y el hombro más cercano al espejo ligeramente levantado. Luego, transfirió el peso de su cuerpo a una sola pierna y con una inflexión de esperanza para ella el cristal reflejó su figura entre las mismas luces y sombras y le preguntó:

—¿Vuelves a insistir?
 ©Guillermo A Castillo.

24 de septiembre de 2016

PRETEXTO

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Cuando toqué su cuerpo, fue como tocar el cielo con el dedo.©Guillermo A. Castillo.

EL CUENTO O CÓMO PONER A VOLAR UNA ALFOMBRA

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Mientras unos dan plomo, nosotros damos pluma
Jorge Consuegra
Por: Reinaldo Spitaletta

(Ensayo sin descuento sobre el género más antiguo de la literatura)

Donde se relatan los orígenes y desarrollo del cuento (de la caverna a la Edad Moderna)

El cuento es tan antiguo como la humanidad. Y ha evolucionado como ella. O más. Al principio todo era oscuridad. Hasta cuando apareció la palabra, creadora y explicadora del universo. Origen y fin de todas las cosas. El hombre, en los inicios, estaba solo sobre la tierra, con su corazón poblado de miedos y asombros, y quizá preguntas. Miedo a lo desconocido. Miedo a sí mismo, miedo a los otros. Tenía que reinventar el mundo. Imaginarlo. Explicarlo. Moldearlo. El hombre es el único animal que tiene la capacidad de fantasear (también de destruir). Con la palabra, como una presea a su descubrimiento, comenzó a crear paraísos e infiernos. Recompensas y castigos. Se erigió a sí mismo como dios. Con poder de creación. Y la palabra fue la herramienta fundamental para tal fin. Había que dar sentido al sol, los mares, las estrellas y a la luna. Y solo la palabra era la única capaz de realizar esa tarea descomunal.

El hombre, al no poder dar una explicación científica, racional, a los fenómenos de la naturaleza, la entendió como manifestaciones del más allá, de lo ininteligible. ¿Qué era lo desconocido? ¿Quién estaba tras todas esas presencias que el hombre no comprendía? No había otra salida ni otros modos de interpretar, de dar respuestas, al universo. Entonces comenzó el proceso de invención de dioses y mitos y héroes y brujas. La imaginación entraba en estados de ebullición.

Primero fueron la epopeya y la poesía. Esta última, como es fama, es la madre de la filosofía, como una expresión del amor por el conocimiento. Después advino el cuento. No en la manera como hoy lo conocemos. Tenía, para usar una metáfora, una vestidito de algodón crudo, estaba descalzo, carecía de pretensiones. Era muy elemental. Y esa condición también le otorgaba belleza. Y como no existía la escritura el cuento voló de boca en boca. Recorrió llanuras y montañas. En sus principios, no tenía ninguna finalidad estética. Sus propósitos eran, más bien, los de enseñar y moralizar. Eran cuentos religiosos, mágicos, de iniciación sexual o matrimonial (como el de Barba Azul, por ejemplo), cuentos para exponer, con claridad y ritmo, principios éticos. La literatura primitiva abunda en tales manifestaciones.

Las epopeyas, por ejemplo, están abarrotadas de mitos, son parte de una fundación, de los caracteres de pueblos y culturas. Basta con mirar la Ilíada y la Odisea para darnos cuenta (o cuento) de estas aseveraciones. Son textos religiosos y políticos (antes de escribirse existieron mediante la palabra oral).

Tras los cuentos mítico-religiosos, de naturaleza mágica, advinieron los cuentos morales. Vemos entonces que el cuento (o el relato) era una suerte de teoría del conocimiento, un vehículo importante de transmisión de normas y una manera de dar al mundo un sentido. Nacieron los apólogos, las fábulas, las parábolas. El universo se hacía cada vez más pequeño (e infinito) gracias a la palabra, a la capacidad de contar y de cantar. Porque el cuento también es canto, es música a veces de las esferas y de lo que está más allá de lo físico.

Hasta hace pocas centurias las descripciones geográficas y las instrucciones para los marinos se hacían mediante cuentos. Así, por ejemplo, los cíclopes eran volcanes que arrojaban enormes piedras al mar. Los monstruos marinos eran estrechos o canales peligrosos para los antiguos navegantes. Los océanos y los continentes estaban superpoblados de gigantes y enanos, de caballos voladores, de sirenas que hipnotizaban con su canto a los hombres de mar, de presencias incomprensibles y espantosas, mezcla de distintos animales. El descubrimiento por los indios de la India de muchas islas del océano Índico constituye en rigor el trasfondo de los enigmáticos cuentos de Simbad el marino, que integran Las mil y una noches. A su vez, los desplazamientos por el Mar Ártico suscitan una floración de leyendas místicas de los pueblos celtas, tales como los viajes de San Brandán en busca del paraíso terrenal y del purgatorio de San Patricio, santo patrón de Irlanda.

Se cree, por otra parte, que cuentos como los de Cenicienta y Caperucita Roja, entre tantos arraigados en el folclor, son explicatorios del universo, de sus cambios y de las estaciones. En tiempos de devastadoras hambrunas aparecieron, como una suerte de alimento imaginario, los relatos de ogros, devoradores de niños.

Del antiguo Egipto proceden los más viejos cuentos que todavía se conservan (por ejemplo, el cuento de Sinuhé, que en el siglo XX le sirvió de referencia al novelista finlandés Mika Waltari para su novela histórica Sinuhé el egipcio, y también al escritor Naguib Mahfuz). Se cree que datan de los siglos catorce a doce antes de nuestra era. En la India, tierra misteriosa y propicia para diversas fantasías y culturas, se utilizaron en la predicación del budismo, cinco siglos antes de Cristo, los apólogos y las parábolas (jatakas). Todavía se conservan en sánscrito hermosas colecciones como Panchatantra (o cinco libros, en prosa y verso) y la instrucción salutífera. Múltiples fábulas de la India han llegado, tras un largo viaje, al español con el nombre de Calila e Dimna (también llamadas las Fábulas de Bilpai). Los más perturbadores mitos de Occidente están hospedados en los poemas homéricos y han servido para la elaboración de nuevas obras.

El cuento se ha ido transformando. Mitos y leyendas le sirvieron como argumento inicial. Batallas y guerras; conquistas imperiales; amores furtivos; infidelidades conyugales; frailes y curas libertinos; pestes y otras desolaciones; aventuras caballerescas y de convento; diversas peripecias pasaron a formar parte de los cuentos antiguos y medievales. Para hacer menos traumáticas las noches en los mesones y hostales, para evitar el contacto con las pulgas de las alcobas, para hacer menos larga la estadía en pocilgas y posadas, se contaban cuentos. Las noches eran más emocionantes y claras gracias a la literatura oral y escrita. La Edad Media no fue en realidad tan tenebrosa como nos la han pintado o despintado. Por lo menos a nivel del relato hubo desarrollos muy interesantes.

Cuenta Emilio Gebhart, citado por el tratadista Julio Torri en el estudio preliminar del libro Grandes cuentistas, que los viajes de los peregrinos, de los mercaderes y de los cruzados difundieron esta literatura de relatos por todas las regiones del mundo. Hubo entonces una emigración continua de reyes, señores, grandes criminales y ladrones, monjes, corsarios y piadosos vagabundos, yendo y viniendo por los mares, valles, desfiladeros de montañas, ríos… Desde lo más remoto de España, Irlanda y Dinamarca, hombres ansiosos por su salvación, caminaban sin tregua hacia Roma y Jerusalén.

Al mismo tiempo que en el medievo las empresas feudales mantenían entre el occidente latino, Constantinopla y Asia una tumultuosa corriente de mercaderías e ideas, los relatos se iban sucediendo. Marco Polo descubrió otro mundo, y puso en contacto a Europa con las milenarias culturas del Lejano Oriente. La fantasía y la imaginación, que son hermanas, se dieron la mano y se entronizaron. Narradores orales de estupendas dotes animaron los días y las noches de la Edad Media. Historias e historietas se entremezclaron en los conventos, los navíos, las posadas, los castillos. En todas partes. Se hablaba del paraíso terrenal y del demonio; de los muertos que resucitaban para dar testimonio del más allá. Aparecieron crónicas a granel sobre las cruzadas, y a Occidente fueron llegando los cuentos musulmanes. Huríes y harenes y califas poblaron con nuevos deslumbramientos la mente de la Europa de la Alta Edad Media.

Y a todas estas, los predicadores también sacaban dividendos del relato, y en sus sermones se servían de cuentos morales, cuyas colecciones se multiplicaban. Apólogos de Esopo, conocidos a través del fabulista Fedro, atestaban los escritorios de los propagadores del buen ejemplo. El relato cumplía así su función moralizadora. Sin embargo, había que inyectarle al cuento, además de sus virtudes pedagógicas y éticas, de sus objetivos moralizantes, belleza literaria. Los primeros ejemplos conocidos en ese aspecto fueron los del infante don Juan Manuel y los de Giovanni Boccaccio (1313-1375). El florentino es el cuentista moderno por excelencia, como es, digamos, Cervantes el novelista. Con El Decamerón, colección de cien cuentos contados en diez jornadas por tres hombres y siete mujeres mientras la peste negra asolaba los campos italianos, Boccaccio se torna un clásico de la prosa. Es la encarnación de su siglo, el catorce, pagano e irreverente, que desprecia a su manera los ideales cantados por Dante Alighieri (1265-1321) en el siglo inmediatamente anterior. Después de Boccaccio aparecerá en Inglatera Geoffrey Chaucer con sus portentosos Cuentos de Carterbury, escritos en verso.

El cuento siguió caminando por el mundo al lado de la poesía, la filosofía, las ciencias. Una centuria antes del surgimiento del autor de El Decamerón, surgieron en Florencia relatos breves, conocidos en el universo literario como novelinos, anónimos y de espíritu satírico, como el siguiente “que cuenta cómo un caballero requirió de amores a una dama”:

Un caballero solicitaba en amores a una dama cierto día, y decíale, entre otras palabras, que él era gentil y rico y hermoso sin medida, “y vuestro marido es así de feo como vos sabéis”.

Y el tal marido estaba tras la pared de la cámara; habló y dijo:

—Messire, por cortesía concretaos a los hechos vuestros y no os mezcléis en los ajenos.

Messer Licio di Valbuona fue el feo, y Messer Rinieri de Calvoli fue el otro.

El Renacimiento y la Edad Moderna nos trajeron más cuentos. Voltaire, Diderot, Voisenon, Perrault, los hermanos Grimm (que con sus cuentos contribuyeron a la unidad cultural alemana), La Fontaine y muchos otros, deleitan al mundo con sus creaciones. Las fuentes folclóricas vuelven a ser importantes para la inventiva de los narradores. Otra vez las hadas, las ninfas, las nereidas, las sílfides, los gnomos, los duendes, los silvanos y otras creaturas fantásticas de los bosques y los mares, tornan con su carga de maravillas a asombrar a niños y adultos.

Y vienen más escritores. Están en la vasta literatura rusa Pushkin, Chejov, Tolstoi, Turgueniev, por solo mencionar a cuatro de sus prominentes cultores. Y franceses como Maupassant, Próspero Mérimée, Balzac, e ingleses como Stevenson, Wilde (irlandés), Kipling, Wells, Chesterton. El cuento, a su vez, se va enriqueciendo en forma y contenido. Se viste de otras maneras. Entra en las aguas de la purificación. Ya no es solo la mera anécdota, una peripecia, sino mucho más. Sus funciones primigenias de moralizar y enseñar buenos ejemplos, se transforma. Ya es la estética combinada con los temas que, desde siempre, han apasionado y preocupado al hombre los que están en la palestra: el amor, la vida, la muerte, el odio, la guerra… Digamos que en el siglo XIX, sobre todo en su primera mitad, el cuento está a punto de revolucionarse, de ser otro cuento.

En América, mientras tanto, los primeros cuentistas (no por supuesto como entendemos hoy el cuento) son los cronistas de Indias, que se maravillan con ese paraíso terrenal (también es un infierno) que después tomaría su nombre en honor a Américo Vespucci. La flora, la fauna, los ríos, los mares, las montañas, el hombre nativo, todo, absolutamente todo, asombra a los visitantes o, de otro modo, a los invasores, para usar términos más precisos. Y ellos dejan testimonio de ese mundo exagerado, hiperbólico, a veces inverosímil, que es todavía la América. Y los relatos se van creando en nuestro continente hasta llegar, en la contemporaneidad, a convertir nuestra literatura en una de las más importantes y ricas del mundo. ¿Cómo no emocionarse con un cuento de Machado de Assis, o con uno de Quiroga? ¿Cómo no hundirnos en el universo deslumbrador de Arlt, Rulfo, Cortázar, Borges, Felisberto Hernández, o en los cuentos de Adel López Gómez, José Félix Fuenmayor, José Restrepo Jaramillo, Efe Gómez, por solo mencionar a cuatro pioneros del género en Colombia? América es tierra abonada para la creación literaria.

De cómo se formó el cuento contemporáneo y otras arandelas

El cuento tal como lo conocemos en nuestros días es un género complejo, riguroso y muy exigente. No es fácil escribir cuentos. Se requiere una trabajada maestría para ejercitarlo con acierto. Es producto (como la novela) de arduas planificaciones, de reescrituras, de una larga paciencia y disciplina. El cuento es la síntesis de una situación o de un personaje. No se desvía de su asunto central. La novela, en cambio, es análisis y en ella pueden conjugarse infinidad de situaciones, conflictos y personajes. Es más: la novela es, en esencia, la creación de personajes.

Atendiendo a estas características generales, el cuento contemporáneo es una invención (como el periodismo) de los norteamericanos. Es al pragmatismo del pueblo gringo que se debe la aparición luminosa del “short-story”, del cuento corto. Pueblo ávido y curioso, inquieto, de fácil expresión es el estadounidense. Necesitaba una forma literaria que le viniera bien a sus necesidades de emocionarse e informarse de tajo en el menor tiempo y con la mayor intensidad posible. Esas funciones, además, solo podía cumplirlas el cuento, y, en otro sentido y dimensión, el reportaje. Quizá por eso en los Estados Unidos los grandes periodistas fueron (lo siguen siendo) excelentes cuentistas. Baste mencionar, a guisa de ejemplo, a Hemingway, Capote, Crane, Bierce, Steinbeck y Jack London. Tuvieron que pasar muchos siglos para que la humanidad llegara a esa forma perfeccionada del cuento contemporáneo, a esa esencia alquímica (una especie de piedra filosofal) destinada a ser escrita por privilegiados.

La modernidad le debe a Edgar Allan Poe, un pionero en la ciencia ficción pero también en el relato policíaco, la creación del cuento corto, una combinación de tensión e intensidad, que después no solo sus compatriotas, sino escritores de otras geografías, llevarían a alturas estéticas impredecibles.

Álvaro Cepeda Samudio, nacido en Barranquilla (también se da como su cuna a Ciénaga) es el que, en Colombia, introduce esa forma literaria tal como hoy la conocemos. Bajo el influjo de narradores norteamericanos, Cepeda escribe la colección de cuentos Todos estábamos a la espera, que obedece sin duda a los cánones del “short-story”. Y continuando con una aproximación a lo que es el cuento, el polifacético autor de Los cuentos de Juana y de reportajes tan celebrados como el de Garrincha, advierte que “el cuento, como género literario independiente, no está ampliamente definido en castellano. Quiero decir que existe todavía la tendencia a confundir el relato con el cuento: de llamar cuento a la simple relación de un hecho o un estado. El cuento como unidad puede distinguirse con facilidad del relato: es precisamente lo opuesto. Mientras el relato se construye alrededor del hecho, el cuento se desarrolla dentro del hecho”.

Con estas premisas, emitidas en 1955 por el narrador, publicista, cineasta y novelista (bueno, solo escribió una: La casa grande), podemos tener claridades acerca de las diferencias entre lo que es un cuento y un relato. La más nítida diferencia la otorga la práctica. Digamos, por ejemplo, que Bola de sebo, de Maupassant, es un relato, muy bien contado por lo demás, mientras La siesta del martes, de García Márquez, es un cuento. Relatos pueden ser Dimitas Arias Blanca, de Tomás Carrasquilla, mientras cuentos son El hombre muerto y La gallina degollada, de Horacio Quiroga.

Al llegar a nuestros días, fines del siglo XX, el cuento ha bebido de las fuentes primigenias. Se alimentó de los relatos antiguos, de los mitos, de las leyendas, de las fantasías de todos los tiempos. No hubiera existido el cuento como se escribe hoy sin la Cenicienta o sin El traje del emperador. Y mucho menos sin los maravillosos relatos de Las mil y una noches. Todo ese conocimiento, todo el bagaje anterior, enriqueció y transmutó esa forma literaria que hoy denominamos cuento. No se puede entender a Hemingway o a Faulkner sin la presencia del primer narrador de relatos en Norteamérica, Washington Irving, el de los Cuentos de la Alhambra, o sin las obras de Poe y Nathaniel Hawthorne.

De cómo se escribe el cuento hoy y otros asuntos relativos al género

El cuento contemporáneo y la novela son las dos formas literarias por excelencia. Entre ambos existen similitudes y enormes diferencias. Mientras un buen cuento no tolera defectos, la novela puede tenerlos, sin que ellos resientan la estructura general. Julio Cortázar, comparando alguna vez estos dos géneros con una pelea de boxeo, dijo que la novela define su combate por puntos, mientras el cuento lo hace por nocaut. Un símil gráfico con el cual se puede establecer una diferenciación tiene que ver con la fotografía y el cine. La primera toma un fragmento de la realidad y lo encierra, lo encajona, lo petrifica. Solo se ve, por ejemplo, a una mujer desnuda y algún sugerente decorado, pero no más. El cine, en cambio, es una sucesión de imágenes, entornos, ambientes, atmósferas, la realidad (y la virtualidad) es más amplia y tiene más complejidades y personajes. Algo parecido ocurre entre el cuento y la novela. El cuento es a la fotografía lo que la novela al cine. La extensión, por otro lado, no es un diferenciador exclusivo de estos géneros.

El cuento, el buen cuento, solo tiene un personaje central. Los otros que puedan aparecer son tributarios, son afluentes. Ayudan a caracterizarlo, a definirlo. Se puede decir que El viejo y el mar o El coronel no tiene quien le escriba son cuentos largos o novelas cortas (los franceses se inventaron un término muy adecuado para estos casos: la nouvelle). Solo hay una situación y un personaje clave en ellos. Los otros, son sus criados, sus complementos. El cuento, ya se dijo, es pura síntesis. Atiende a un tópico, sin decaer en intensidad y tensión. No le puede faltar ni sobrar nada. Es exactitud y medida. No puede tener distractores ni adornos excesivos. Todo en él es rigurosamente necesario.

17 de septiembre de 2016

TRANSFORMACIONES


LA PLUMA

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Estará de acuerdo con que tanto la pizarra, la tiza, el lápiz, la calculadora, el cuaderno, y las sillas son objetos tecnológicos. Son objetos tecnológicos porque son el resultado de la transformación intencionada de materias primas naturales para cumplir con algún propósito humano. Sin embargo, que los objetos tengan un propósito no significa que todos los humanos lo usen de la misma forma.

Seguro que algún lector habrá usado un cuchillo como desatornillador, o una cuchara como destapador de bebidas. Incluso, los objetos adquieren un carácter diferente de acuerdo al contexto en el que son usados. Es distinto hablar de un cuchillo cuando quien lo usa es un ladrón, o un cocinero; y el mismo objeto adquirirá una connotación y función diferente de acuerdo a quién lo use: como arma o como instrumento de trabajo.


Yo, en cambio, uso una pluma para escribir y también la utilizo para coquetear con la intención de hacerme menos bestia en este mundo de indiferentes.©Guillermo A Castillo.

¿QUÉ LIBRO ESTOY LEYENDO?


Espero su repuesta, pero por favor, sea breve.

10 de septiembre de 2016

POR UN SUSPIRO

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Cuando me enteré que los suspiros cumplen una función biológica primordial más allá del entendimiento y las emociones, entendí porque es largo y hondo el desdén en tu mirada.©Guillermo A. Castillo.

FINAL

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Pecado o delito, me suicidé. ¿Pero, quién referirá lo que hice? Ya era tarde. Unas monedas salieron rodando por el teñido asfalto.©Guillermo A. Castillo.

LA SOMBRA

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Cuando noté que en las mañanas asoleadas me alcanzaba, decidí hacer lo mismo con ella. No importa dónde te escondas, te seguiré —le amenacé—, aunque no entendía cuáles eran sus motivaciones ni supongo que tampoco ella conoce las mías.©Guillermo A. Castillo.

27 de agosto de 2016

FATALIDAD

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Pero volviendo a los hechos acaecidos en la mañana del veintisiete del corriente he de agregar, con permiso de su señoría, que las preguntas son la esencia de un espíritu inteligente y sensible. Por lo tanto, esa circunstancia no debe preocupar en esta sala si escuchamos respuestas a todo —aunque, con la edad las dudas tienden a multiplicarse, en especial, del referido Martín Cantera al presentarse armado y sin necesidad de verbalizar lo que pasó por su cabeza gracias a su contenido odio.©Guillermo Castillo. 

EL MUERTO ERRANTE

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Su nombre fue punzado varias veces en la piedra porque no encontró paz en las tumbas de cuatro iglesias de tres ciudades distintas por culpa de sus monstruosidades. Finalmente, no contentos, fue escondido en la pared de una iglesia olvidada para beatificar sus pecados y convertirlo en un mito.©Guillermo Castillo.

VIRAL


Ante los ojos de la cámara aparece una imagen inquietante. Gracias a estímulos externos, a una serie de reacciones fisiológicas, metabólicas y morfológicas que se entremezclan ante la irrupción de lo no esperado, aparece aquella enigmática ninfa en su quebrada mente.©Guillermo Castillo.

20 de agosto de 2016

EGOCÉNTRICO

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Si el antecesor de los caninos no se hubiera perseguido la cola, por valoración excesiva de su propia personalidad, ese perro no se creería el centro de todas las preocupaciones y atenciones de mi vecina.©Guillermo Castillo.


RADIOAFICIONADO

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Cada tarde la radio le permitía ver las revelaciones de aquella diva cuando iba a su cama. ©Guillermo Castillo.

SIN TIEMPO


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Cuando me paseo bajo la lluvia, otros se mojan porque no tienen tiempo.©GuillermoCastillo.

13 de agosto de 2016

SOBERBIA

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Aquel pintor no vio el puente extendido entre el equilibrio y la armonía. Todo paisaje le resultó demasiado elevado y humilde.©Guillermo Castillo.

INTERROGANTE


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Tuvo un sueño recurrente; el mar, con su apacible rumor le preguntaba por aquel monolito que lo sabía comprender.©Guillermo Castillo.

PERSPECTIVA


Cuando cerró los ojos, pudo ver.©Guillermo Castillo.

LA SOMBRA


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Ese día cuando el sol se asomó, el hombre volvió la cabeza y no vio más que su sombra.©Guillermo Castillo.

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